Jamás hubiera imaginado un cumpleaños como este, lo decía mi hija Francis en plena pandemia. Mientras sus ojos se llenaban de lagrimas producto de varios sentimientos, por un lado la influencia del confinamiento, llevamos más de 80 días encerrados y con toque de queda los Domingos, además de que es la primera vez que no podrá encontrarse con sus amigos y abrazarse, besarse, tocarse y mirarse cara a cara.

No podrá sentir las sorpresas físicas de los regalos, el jubilo y la alegría de esos amigos que todos tenemos que son los que más bulla hacen a la hora de celebrar. Las caras de todos sus amigos abrazados que juntos cantan a viva voz el tradicional feliz cumpleaños. Y la tía o la abuela más querida quién celebra cómo si fuera su cumpleaños porque en realidad esta muy feliz.

Y me puse a reflexionar, ¿Y cuántos cumpleaños en el mundo son cómo los de mi hija? ¿Y cómo ahora vamos a extrañar el contacto humano y las conexiones emocionales que son parte de nuestra manera de interactuar y convivir entre nosotros? ¿Para quienes será más difícil adaptarse y para quienes será más difícil la nueva adaptación?

Entonces, recordé cómo mi esposa y yo tratamos de suplir estas carencias e intentamos ofrecerle el mejor cumpleaños a pesar de la pandemia. Compramos los mejores globos que pudimos encontrar ya que pocas tiendas tienen autorización para trasladarse o hacer el delivery, y compramos una hermosa torta y nos esforzamos por darle los regalos más significativos para este día especial.

Pero, la gran sorpresa fueron los amigos, todos estuvieron presentes de modo virtual y además enviaron su regalo con amor y originalidad. Todos se esforzaban en vencer las dificultades que ha ocasionado esta pandemia. Lograron vencer el desgano o la depresión psicológica que puede ocasionar un confinamiento o encierro emocional.

Al contrarío, era la oportunidad de vencer la tristeza, con amor, el desgano con la originalidad, y las dificultades con creatividad o innovación. Y felizmente la tecnología cumplía su función de mantenernos comunicados. Y la emoción era la misma, los abrazos físicos se convirtieron en una frase ¨amiga te abrazo fuerte ¨ y los Te quiero amiga ¨ se convirtió en una acción repetitiva, y las frases de esperanza eran más que pujantes, eran un himno de amor ¨ Amiga, ya nos veremos y volveremos a bailar ¨ ¨amiga, a penas termine el encierro somos lo que somos ¨ .

Me sentí orgulloso, como padre, como ser humano. Y logre entender que el amor es más fuerte que un encierro o confinamiento emocional. Somos y seremos más fuertes que cualquier obstáculo. Mi familia celebro un gran cumpleaños. Y hoy quiero celebrar contigo el triunfo de la vida.

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